¿Qué es el Neuroliderazgo?: Cuando las emociones van al gimnasio cerebral

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El control de las emociones es tema de discusión en cuanto a autocontrol y manejo de situaciones bajo presión. En ese sentido, las neurociencias y específicamente el neuroliderazgo son dos herramientas que pueden ayudarte a tomar el control de situaciones adversas.

Pero, ¿Qué es el neuroliderazgo? En este artículo, el especialista en neurociencias aplicadas al desarrollo de organizaciones y personas, Néstor Braidot, explica cómo aprovechar esta ciencia y cómo entrenar nuestro cerebro para pensar de manera exitosa.

Neuroliderazgo: ¿Qué es y cómo nos ayuda a controlar la emociones?

A medida que avanzan las neurociencias, mejoran las herramientas que se van diseñando para que aprendamos a liderar nuestras emociones, alcanzando de ese modo un mayor desempeño cerebral y una mejor calidad de vida.

En ese sentido, Néstor Braidot señala que “los estudios realizados con escáneres cerebrales en personas que practican técnicas milenarias, como la meditación, han convalidado su enorme eficacia, no solamente disminuir el estrés y vivir en armonía, sino también para modelar el cerebro”.

En la actualidad se utilizan ejercicios mentales cuya práctica se remonta a aproximadamente 1.500 años A.C. (caso de la meditación), con otros que se van desarrollando a medida que avanzan las neurociencias.

Braidot recalca que “precisamente, el auge de los gimnasios cerebrales en las ciudades más importantes del mundo refleja el interés de una gran cantidad de personas en mejorar su rendimiento neurocognitivo y emocional. Tal apogeo no existiría si no tuviera como contrapartida beneficios observables y, de hecho, éstos son evidentes”.

Asimismo, y complementariamente, las publicaciones sobre la efectividad de los gimnasios cerebrales están al alcance de todos, ya que se pueden hallar en revistas especializadas en neurociencias, libros y trabajos científicos.

La necesidad de este tipo de entrenamiento

El especialista asegura que es suficiente con observar a nuestro alrededor: pareja, amigos, compañeros de trabajo, incluso a nosotros mismos, para ver con claridad que hay personas más proclives que otras a desestabilizarse emocionalmente.

“Algunas lo hacen ante problemas muy importantes, como los actuales que provocan crisis que no terminan de resolverse. Otras suelen estar a los gritos por temas cotidianos que, si bien debemos reconocer que son irritantes, como un embotellamiento de tránsito que nos impide llegar a tiempo a un lugar o un ordenador que se cuelga varias veces “justo” el día que debemos entregar un informe, lo cierto es que no tienen potencial para provocar daños importantes en nuestra vida. Lo relevante es que cualquier hecho que nos desequilibra emocionalmente actúa en un doble sentido”, manifiesta Braidot.

Por lo tanto, el también catedrático insiste en que “por un lado, afecta las funciones ejecutivas del cerebro, lo cual seguramente nos hará menos productivos en las actividades que desempeñemos (desde las que forman parte de nuestro trabajo hasta conducir el coche). Por el otro, puede dañarnos físicamente comprometiendo nuestra salud”.

De igual forma añade, que “independientemente de si el problema es o no “para tanto”, un estado de miedo, furia, odio, desesperación, pone en funcionamiento algunas estructuras del tronco encefálico que conforman el cerebro reptiliano llevándonos a actuar en forma “primitiva, como así también la amígdala y el hipotálamo, que son núcleos centrales del cerebro límbico, responsables del procesamiento emocional de los estímulos”.

Las consecuencias son muchas, pero pueden ir desde traernos problemas intelectuales, laborales y sociales, hasta  impedirnos tomar decisiones con claridad, la ausencia de liderazgo emocional también puede afectar nuestra salud.

Algunas personas comienzan con problemas que son controlables, como la gastritis o la caída del cabello, mientras que otras pueden enfermarse seriamente, desde engordar sin freno hasta perder la vida.

“Esto último puede parecer exagerado, sin embargo, la caída de las bolsas de valores (tanto en 2011 como en crisis anteriores) ha provocado paros cardíacos en algunas personas y hay hinchas de fútbol que han muerto porque su organismo no resistió la angustia desmedida a la que fue sometido durante un partido”, resalta Braidot.

Afortunadamente, estos casos son excepcionales, sin embargo, los reportes sobre el incremento de consultas médicas por estrés desde que comenzó la crisis económica mundial  constituyen una señal de alarma a la que debemos prestarle la debida atención.

Asimismo, Néstor Braidot dice que en cualquier caso, sea real o potencial el devenir de los acontecimientos, lo cierto es que “cuando nos tomamos las cosas a pecho” una situación de amenaza percibida dispara una serie de respuestas fisiológicas que, seamos conscientes o no, impactarán sobre nuestro desempeño.

En síntesis

Todas las herramientas diseñadas en los gimnasios cerebrales funcionan en forma acorde a la modalidad de trabajo del cerebro. El objetivo de las prácticas es reforzar determinados neurocircuitos y, paralelamente, inhibir otros que son considerados nocivos, como los de la ira y el odio”, insiste el experto.

Por otro lado, Néstor Braidot quiere dejar claro:

“Ninguna práctica apunta a reprimir emociones, todo lo contrario: Liderar las emociones no significa reprimirlas. Significa dejarlas fluir, aprender a reconocerlas y automonitorearlas, dirigiéndolas en la dirección que deseamos o resulta más conveniente para nosotros mismos y quienes forman parte de nuestro entorno en pos de una mejor calidad de vida y, a su vez, de un mayor desarrollo de sus capacidades cerebrales”.