Neuroliderazgo: ¿Cómo mejorar los procesos de toma de decisiones?

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Tomar decisiones acertadas en nuestras vidas es determinante y esta acción la llevamos a cabo todos los días de nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que finaliza la jornada. Para mejorar esta capacidad, el neuroliderazgo es un instrumento que nos ayudará a agilizar el proceso de toma de decisiones y en consecuencia mejorar nuestra vida.

El especialista en neurociencias aplicadas al desarrollo de organizaciones y personas, Néstor Braidot, afirma con sus ejemplos de neuroliderazgo que la mayoría de los entrenamientos tradicionales para mejorar la toma de decisiones están direccionados al mundo del trabajo. También se ha escrito sobre el tema desde la pedagogía y la psicología, incluso en muchos libros de autoayuda.  

“Pero sin desvalorizar lo que se ha venido haciendo hasta el presente, el mejor camino, desde mi punto de vista, consiste en incorporar todas las innovaciones surgidas de las neurociencias, aprovechando las nuevas herramientas que tenemos a nuestra disposición en la era en que nos toca vivir”, indica Braidot. 

En ese sentido, el experto pone como ejemplo, a los pocos ciudadanos que viven tranquilos debido a las crisis económicas que provocan incertidumbre y pérdida de empleo en varios países.  

“En este tipo de situaciones, la amígdala se encuentra sobre estimulada por el miedo, tanto al presente como al futuro, y coloca a quien lo padece en una modalidad híper vigilante y defensiva que puede afectar cada decisión que toma”, recalca el también catedrático. 

De igual forma, Néstor Braidot señala que procesos similares son evidenciados cuando hay alta presión y mal clima en el trabajo por las denominadas hormonas del estrés, como el cortisol y la noradrenalina, que invaden el torrente sanguíneo provocando situaciones fisiológicas difíciles de controlar desde la voluntad consciente y afectan el desempeño de las funciones ejecutivas del cerebro, imprescindibles para la resolución creativa de problemas y la toma de decisiones inteligente. 

“Esto debe constituir una señal de alarma, una especie de alerta naranja, ya que la neurociencia ha demostrado que un estado de ansiedad crónica o relativamente constante conduce estados de fatiga física y mental que, en casos extremos, hasta pueden enfermarnos”, explica Braidot.

Sin duda, un buen punto de partida es aprender a auto liderar las emociones en cursos de neuroliderazgo ya que ello permitirá liberarnos de situaciones de desorden o caos psicológico y, paralelamente, trabajar para potenciar el capital intelectual con el que nuestro cerebro viene a este mundo, esto es, en pos de un desarrollo pleno de las funciones ejecutivas.

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