El rey de La Salada aseguró que fue víctima de un chantaje

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El personaje que se conoce públicamente como “El rey de La Salada“, Jorge Castillo, se le acusa de liderar organizaciones que explotaban ilegalmente los puestos de la feria de La Salada en Lomas de Zamora.

El mismo recibió en septiembre el beneficio de la prisión domiciliaria. Desde allí, volvió a negar que sea el propietario de la feria. “Son muchos los dueños de La Salada”, dijo en diálogo con El Ángel en Radio 10.

Asimismo, la justicia le sigue un proceso a Castillo en el marco de una causa por presunto lavado de dinero y evasión impositiva dentro de la causa que lo involucra como líder de La Salada.

No obstante, enfrenta otro caso por tentativa de homicidio. Esta causa se le abrió por las lesiones que sufrió un efectivo de la Policía durante el procedimiento que se llevó a cabo en la casa del empresario, cuando éste disparó desde atrás de una puerta blindada de una de las habitaciones.

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El rey de La Salada aseguró que no tiene nada que ver con las causas que le siguen

El empresario negó categóricamente, tener una vinculación con los casos judiciales que lo tienen como imputado. “Yo no tengo nada que ver con mi causa. Tengo 62 años. Estoy desde los 8 en la calle. A los 13 me puso el primer negocio. No hubo un gobierno, sacando el de Néstor Kirchner, que el país haya crecido”.

Al mismo tiempo señaló que muchos talleristas trabajan de feriantes. En ese orden, Jorge Castillo reiteró que fue víctima de un chantaje por parte de funcionarios del gobierno de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires.

En ese sentido, apuntó contra el exministro de Seguridad bonaerense y actual diputado por el PRO Cristian Ritondo. “A mí no me gustan que me aprieten y le dije que yo no robaba para mí, menos lo iba a hacer para otros”.

De igual forma, el empresario, volvió a mostrar simpatía por Guillermo Moreno, el polémico exsecretario de Comercio Interior. Al respecto dijo que Moreno era su amigo desde que estuvieron en Angola.

“Con Moreno me hice amigo cuando fuimos a Angola. Vendimos de todo. Las medias de Clarín se regalaban. A mí vinieron marcas para decirme que se llevaban la ropa para ponerle marcas”.