El CASo de Dror Feiler: conferencia en la CNB

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El Centro de Arte Sonoro estará presente nuevamente en la Casa Nacional del Bicentenario aunque, en este caso, trae una conferencia para conocer en profundidad al artista Dror Felier.

Dror Feiler es saxofonista, compositor, artista visual y activista político nacido en Tel Aviv en 1951, reside en Suecia desde 1973. Creció en un kibbutz en Israel. En 1970, cuando el IDF lo envió a la ocupación en Gaza, decidió negarse a participar en la política de ocupación de Israel, se negó a servir en los territorios ocupados y se convirtió en uno de los primeros “refuseniks”. Se mudó a Suecia en 1973 y se convirtió en ciudadano sueco en 1983. Entre 1978 y 1983 estudió composición en la Academia de Música de Estocolmo.Con su arduo sentido de vocación, Dror Feiler debe posicionarse como uno de los principales compositores y músicos de improvisación de Suecia. En los últimos años, su reputación está creciendo rápidamente y algunas de las más importantes orquestas europeas, festivales y ensambles lo han contratado para trabajar con ellos (Stockholm New Music, Donaueschingen, Huddersfiled and Wien Modern) Cuando habla sobre su música y arte, muestra un deseo por trabajar con música que se relacione con lo que acontece en el mundo. “Siempre quiero tratar los problemas severos en la vida: Beat the White the red wedge (Revolución); Schlafbrand (Segunda guerra mundial); Let the Millionaires go Naked (Revancha de los pobres); Intifada and Halat Hisar (Conflicto Palestino-Israelí)”. La estética en si misma no me interesa, más de eso es peligroso. Cuando compongo o toco, no busco belleza, sino verdad”. Dror Feiler defiende la igualdad de estatus entre la música improvisada y música previamente compuesta. Desde finales de 1970 editó varios álbumes con Lokmotiv Konkrete, Too Much Too Soon Orchestra y como solista. Colaboró con varios músicos como Mats Gustafsson, Henry Kaiser, Fred Frith, Phil Minton, Vladimir Tarasov, Blixa Bargeld, Zbigniew Karkowski, Merzbow, entre otros.

Dice Felier

“Me opongo a la maquinaria pesada de la filosofía institucional y a su flagrante complicidad con el poder, que en lugar de animar a la gente a pensar, lo impide. Encuentro la filosofía clásica (y la educación clásica en general y la música en particular) una inmensa escuela de intimidación entregando especialistas en pensamiento y música, la que además presiona a los “outsiders” para que se adapten a los fenómenos que han venido a combatir. Mi música y mis palabras deben funcionar como un conjunto de herramientas para una existencia antifascista. Estos son mis fundamentos; trabajo con métodos, instrumentos y herramientas que pueden inspirar directamente el proceso de producción de estructuras sonoras, que molecularizará (romperá) las formas de la música y al mismo tiempo las ampliará. Las nuevas máquinas de música (sintetizadores, ordenadores, softwares de música, algo- ritmos) no funcionan con ideales de precisión definidos tecnológica o musicalmente, sino que producen continua- mente resultados impredecibles, complicaciones e implicaciones. Todo esto multiplicando el ruido, los sonidos, la política, las notas y creando interfaces para lo nuevo”.

Fuente: Casa Nacional del Bicentenario.

Foto: The Attic Magazine




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